Reconciliarnos con nosotras mismas.

Si hoy te sientes poca cosa, crees que tienes que cambiar para ser feliz, no te ves merecedora de cosas buenas por el cuerpo que habitas en este momento o sencillamente estás en guerra con él, este texto es para ti. 

Mara Jiménez

Crecí odiándome. Es de las primeras cosas que aprendí a hacer con tan solo 9 años, cuando mi cuerpo empezó a desarrollarse. Era la alta de la clase, la gorda de la clase, la tetona de la clase, la mofletuda de la clase. Todos mis compañeros seguían vistiéndose de la zona infantil de Zara y yo ya empezaba a tener dificultades para hacerlo. No me enseñaron a apreciar mi cuerpo y la diversidad que representaba. Me enseñaron a comer poco, moverme mucho, hablar lo justo, sentir lo menos posible.

Hoy puedo hacerte este texto porque después de muchos años de batalla conmigo misma, 
he aprendido a amarme y me encantaría que tú también lo hicieras. 

Sé que leerlo no te va a cambiar la vida, ojalá fuera tan fácil, pero quizás puede despertar en ti las ganas de trabajar duro para que lo haga. 

Reconciliarnos con nosotras mismas no es un camino fácil pero realmente es el único a tomar si queremos ser felices. Muchas veces nos parece imposible, creemos que estamos condenadas a vivir toda la vida odiando nuestro cuerpo y sintiéndonos insatisfechas, soñando con el día en el que seamos más delgadas, más bonitas, más perfectas. Hoy que estoy al otro lado, entiendo tan bien cómo te sientes…

Reconciliarnos con nosotras mismas en casi un acto revolucionario en una sociedad que nos enseña a compararnos y odiarnos constantemente. Es también una decisión diaria, que gana la batalla cada vez que dices “no” a algo que te duele y avanzas un pasito más hacia la versión más auténtica de ti misma. Es liberador, es paz, es amor, es conexión, es complejo pero tan reconfortante…Por favor, tú también mereces conseguirlo. 

Lo primero que te invito a preguntarte es: ¿cuándo empezaste a odiarte? ¿Qué o quién te empujó a hacerlo?

Busca un rato hoy para sentarte en calma, quizás encender una vela aromática o algo que te ayude a relajarte y, en silencio, empieza a escuchar qué pasa ahí dentro. Cuál fue el “punto 0” desde el que todo empezó. Puede que llores, que rías, que te sientas incómoda, que sientas picores o dolor en algún punto de cuerpo. Nos cuesta habitar el sufrimiento y nuestra mente trata por todos los medios sacarnos de ahí, porque su misión es mantenernos con vida y no sufriendo. Todo lo que vaya a pasarte en ese rato es totalmente normal pero encontrar el inicio de tu sufrimiento es el primer paso para empezar a caminar.

Cuando lo tengas, entiende que esa circunstancia no determina tu valía. Aquel comentario, aquella situación, es solo algo momentáneo que tuvo mucho impacto en ti pero que no define ningún aspecto de tu persona. Sé que suena fácil decirlo y difícil hacerlo pero esa es la única verdad: tú eres mucho más que eso que te pasó.

Repítetelo tantas veces como sea necesario para que a tu mente le parezca la verdad verdadera.

Algo muy importante es tener claro que para cada una la reconciliación se ve diferente. La cantidad de pasos no son los mismos ni la forma que tienen necesita ser igual. Te digo esto porque, sobretodo en esta etapa, es importantísimo desapegarse de la comparación. Cuando estamos bien con nosotras mismas, compararse es algo sano, que nos invita a mejorar cada día y a ver a los demás desde la admiración. Cuando tenemos conflictos con nosotras o nuestro cuerpo, eso no sucede de la misma forma. Por eso, este es un buen momento para entender que tu camino es tuyo y de nadie más. Cómo caminen el suyo las otras personas tiene que servirte como inspiración pero nunca para intentar que tu camino sea el mismo. 

También es un buen momento para que te plantees la ayuda profesional. Por favor, no hagas este camino sola, ¿qué necesidad hay? Hoy en día hay psicólogxs y coaches especializados en autoestima corporal, con miles de herramientas adaptadas a tu caso para ayudarte a avanzar y ver la luz al final del túnel. Sé que muchas veces nos parece que lo nuestro “no es para tanto” pero no necesitamos estar mal para ir a terapia y que otra persona nos alumbre un poquito el camino.

Una vez tengas claro el punto 0 de tu dolor, es momento de conocerte. Seguramente crees que ya lo haces pero llevarás mucho tiempo escondiéndote tras la idea de lo que necesitas ser para ser feliz. ¿Quién eres realmente? ¿Cómo eres? ¿Qué te hace reír, llorar, disfrutar, enloquecer…? Tómate un tiempo para conocerte y re-definirte de verdad, sin las expectativas que había antes. 

Le has puesto cara al origen de tu dolor y te conoces: ¿ahora qué?

Ahora…¡DISFRÚTATE!

Haz aquellas cosas que antes no te atrevías y hazlas poquito a poco, al ritmo que te pida el cuerpo. No intentes salir de tu zona de confort saltando al vacío, sino saboreando en pequeñas dosis aquellas cosas que sentías que estaban prohibidas para ti. Quizás es maquillarte, vestir la ropa que te gusta, cortarte el pelo, salir a caminar, apuntarte a Bachata, darte un baño con sales de colores, abrirte un blog de moda…¡¡¡Lo que tu corazón te pida!!!

No va a ser cosa de un día, ni de dos, ni tienes que intentar pasar del cero al cien en una semana. Se trata de saborear todo este proceso, de vivirlo con la calma y el amor que necesita. Esto es similar a una rotura en la pierna: cuando te quitan la escayola, hay que empezar a caminar y moverse poquito a poco, valorando cada mejora. Estoy segura que has entendido perfectamente el ejemplo, pregúntate entonces ¿por qué te cuesta tanto ser paciente contigo misma? 

Vamos a recapitular: La persona que eres hoy es el fruto de todas tus vivencias, creencias, ideas, valores, virtudes, defectos…Muchas de las cuales están condicionadas por situaciones concretas o por la sociedad en sí misma. Si hoy no te sientes a gusto contigo misma es porque, en algún momento, algo te hizo pensar que no podías estarlo, por lo que encontrar ese algo es la primera pieza fundamental. Puedes necesitar ayuda profesional, la cual te brindará las herramientas que te permitan avanzar, y con todo eso llegará el momento de conocerte de verdad y darte todo aquello que siempre has deseado tener en tu vida. Recuerda que puede no ser un proceso corto pero cada escalón está ahí porque necesitas sanarlo así que sé paciente y decide todos los días quién quieres que lleve las riendas de tu vida. 

Por último, solo quiero dejarte claro algo para que te lo repitas en los momentos difíciles: Nunca, nunca, nunca te vas a arrepentir de cada paso que des en pos de ti. 

2 comentarios en “Reconciliarnos con nosotras mismas.”

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